Parroquia de los Santos Apóstoles

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Oler a Dios

diciembre 25th, 2011 · Sin comentarios

A un hombre muy sabio le preguntaron en qué consistía eso de experimentar y vivir el misterio de la Navidad, el acontecimiento de la encarnación. Él, sin pensárselo dos veces contestó:

- Consiste en oler a Dios.

Viendo la extrañeza que causó su respuesta la aclaró mejor contándoles esta historia:

 -«Un día Dios llamó a tres personas y les regaló a cada una un peque­ño frasco que contenía su propio perfume, el mismo aroma de Dios.

La primera de ellas, abrumada por tal regalo del mismísimo Dios …

HOMBRE 1: Madre mía, menudo compromiso, tengo el perfume de dios, no lo puedo perder, no se debe estropear, ¿qué hago?. Ah, ya sé, lo pondré en un cadena de oro y lo llevaré todo el día colgado del cuello. Así me acordaré todo el día de Dios y podré tenerlo siempre presente.

La segunda fue corriendo a su casa, derramó el perfume en un recipiente y …

 HOMBRE 2: Ahora sí, de esta no se me escapa, voy a coger el perfume que  me ha dado Dios voy a analizar su composición química hasta obtener la fórmula. Y cuando lo logre me la aprenderé dé memoria e haré que los demás también se la aprendan para que sepan en qué consiste eso de la Vida Eterna.

 La tercera persona abrió el pequeño frasco y …

 HOMBRE 3: Menuda felicidad la mía, tengo el perfume de Dios, pero en un frasco metido no sirve para nada, así que vaciaré todo el perfume sobre mi cabeza y mi cuerpo y me pondré a caminar por las calles. Y así conseguiré que todos puedan sentir la cercanía de Dios.

 Y así era, todos percibían algo especial y se ponían locos de contentos, porque sabían que aquel olor no era del mundo sino de Dios.»

 Terminada la historia preguntó:

 -¿Quién de los tres entendió mejor lo que pasa en Navidad, vaya quien hizo lo que Dios hace todos los años?

 Los que le escuchaban contestaron evidentemente que el tercero. Y él añadió:

 -Pues en eso consiste experimentar y vivir una verdadera Navidad: no son los adornos ni los preparativos externos, no son los villancicos y los regalos, sino en oler a Dios, en repartir el aroma de su salvación por todos los rincones.

 

Etiquetas: Homilías

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