NARRADOR: Voy a contaros lo que le sucedió a una familia cualquiera, a un marido preocupado por su mujer. El pobre hombre no sabía que hacer, parece que tienen problemas de comunicación. Es como si su mujer no le hiciera caso, tal vez se haya cansado de escucharle, o no sea interesante lo que dice. O puede ser que esté sorda como una tapia. El marido, de nombre Severino, llama a su médico de cabecera para explicarle el problema.
SEVERINO: Doctor, soy Severino, verá estoy muy preocupado por mi mujer.
DOCTOR: Pero bueno, Severino, ¿qué problema tiene tu mujer?.
SEVERINO: No lo sé doctor, pero creo que se está quedando sorda.
DOCTOR: Pero, bueno, Severino, que tontería más grande. ¿Por qué dices que tu mujer se está quedando sorda?.
SEVERINO: Pues no sé, doctor, pero hace una temporada que no nos comunicamos demasiado, yo le hablo y ella no me escucha. He pensado de todo, pero creo que el problema es su sordera. ¿Mi mujer está sorda como una tapia!.
NARRADOR: Pobre Severino, seguro que a nosotros nos ha pasado alguna vez estar con alguien que no te escucha o no te entiende, ¡qué mal se pasas!, hablas, hablas y hablas, pero como si nada. Así que el doctor se puso manos a la obra, había que ayudar al pobre Severino.
DOCTOR: Bueno Severino, no creo que sea para tanto. Vamos a hacer una prueba. Severino, ¿dónde está tu mujer?.
SEVERINO: Mi mujer está en la cocina,
DOCTOR: Y tu, ¿dónde estás, la tienes al lado?.
SEVERINO: No doctor, estoy en la habitación, en el otro extremo de la casa.
DOCTOR: Muy bien, Severino, vamos a probar, llámala todo lo fuerte que puedas…
SEVERINO: Maríaaaa, Maríaaaa……………!
MARÍA EN LA COCINA GRITA: ¿QUÉEEEEEEEEEEEE QUIERES?
SEVERINO: Lo ve doctor, la llamo y no me contesta.
DOCTOR: No te preocupes Severino, acércate a la puerta de la habitación y grita un poco más.
SEVERINO: Maríaaaa, Maríaaaa……………!
MARÍA EN LA COCINA GRITA: ¿QUÉEEEEEEEEEEEE QUIERES?
SEVERINO: Nada, doctor, he gritado y no me contesta.
DOCTOR: No hay problema, seguro que no te escuchó por culpa del pasillo, vete al medio del pasillo y llámala con fuerza.
SEVERINO: Maríaaaa, Maríaaaa……………!
MARÍA EN LA COCINA GRITA: ¿QUÉEEEEEEEEEEEE QUIERES?
SEVERINO: Nada, doctor, sigue sin oírme, ya se lo decía, está sorda como una tapia o no me quiere escuchar…
NARRADOR: Ya veis como estaba la situación, hasta el más tonto se da cuenta de lo que pasa en esta casa. Pero Severino y el doctor parecen no enterarse.
DOCTOR: Yo creo que no debes tirar la toalla, Severino, vamos a seguir probando, vete hasta el hall de la entrada y grita todo lo fuerte que puedas.
SEVERINO: Maríaaaa, Maríaaaa……………!
MARÍA EN LA COCINA GRITA: ¿QUÉEEEEEEEEEEEE QUIERES?
SEVERINO: Nada de nada, estoy aquí al lado, he gritado con todas mis ganas, pero sigue sin oírme, ya se lo decía, mi mujer se queda sorda.
DOCTOR: Tranquilo, Severino, seguro que tu mujer no tiene el día fino, tu sigue intentándolo, vete a la puerta de la cocina y llámala con fuerza.
SEVERINO: Como quiera, doctor, pero será inútil. Maríaaaa, Maríaaaa……………!
MARÍA EN LA COCINA GRITA: ¿QUÉEEEEEEEEEEEE QUIERES?
DOCTOR: Acércate más, ponte detrás de ella y llámala con fuerza y cariño.
SEVERINO: María, Maríaaaaaa, Maríaaaaa. No hay manera.
MARÍA SE DA LA VUELTA ENFADADA: ¿Qué quieres?, ¿qué quieres, qué quieres, qué quiereeeeeees?. Me has llamado como diez veces y diez veces he contestado qué quieres. Cada día estás más sordo, me preocupas, deberías hablar con nuestro médico de cabecera….
SEVERINO: Pero,… pero,… si no me has contestado, yo venga gritar, gritar, gritar y tú como si nada…
MARÍA: Ay, Severino, me preocupas un montón, no sé que hacer contigo
NARRADOR: Pobre Severino, su mujer le había contestado siempre, pero Severino no se enteraba de nada. No se daba cuenta de que el sordo era él y no su mujer.
DOCTOR: Espero que todos hayamos aprendido la lección, que en la vida nos pasa lo mismo con las personas y con Dios.
SEVERINO: Qué razón tiene mi doctor, pensaba que los demás no me oían y resulta que el que no oye soy yo, vaya tonto que he sido, cuántas cosas me habré perdido.
MARÍA: Pues sí, Severino, tienes el oído fino. Y por la vida no puedes seguir así, porque todos te hablarán y de nada te vas a enterar.
NARRADOR: Y vosotros, amigos, ¿cómo andáis de oído?. Espero que mejor que Severino, porque a Jesús lo encontramos en cualquier camino.



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